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Tecnología, regulación y seguridad: el reto real del sector TIC

En los últimos meses estamos viendo cómo el sector tecnológico vive una aceleración sin precedentes. La inteligencia artificial ya no es algo que "viene", está aquí y está redefiniendo desde la operativa diaria hasta la toma de decisiones en empresas y administraciones. No hablamos solo de automatizar tareas, sino de sistemas capaces de anticiparse, analizar grandes volúmenes de información en segundos y apoyar decisiones críticas de negocio, con la exigencia que eso conlleva que esas decisiones sean trazables, éticamente responsables y siempre bajo supervisión humana, tal y como ya recoge el marco europeo del AI Act para los sistemas de mayor riesgo.

Pero ese salto también tiene su cara B, la misma inteligencia artificial que nos ayuda a ser más eficientes está siendo utilizada para lanzar ataques más sofisticados, más rápidos y más difíciles de detectar. El phishing generativo, los deepfakes o la automatización de exploits ya no son escenarios futuros, son amenazas documentadas con las que las empresas conviven hoy y además la IA introduce nuevos retos, desde cómo se gestionan los datos hasta cómo garantizamos que la tecnología no avance más rápido que nuestra capacidad de controlarla.

Esto nos obliga a afrontar una realidad incómoda pero necesaria, no basta con incorporar tecnología, hay que hacerlo bien, con criterio, con gobernanza y con responsabilidad, porque la innovación sin seguridad, sin control y sin visión estratégica, es simplemente avanzar sin red.

A esto se suma otro elemento que desde el sector llevamos tiempo señalando, la creciente complejidad regulatoria, la acumulación de marcos, NIS2, DORA, RGPD, ENS,…, está generando una presión real, y en muchos casos desproporcionada, sobre las empresas tecnológicas, especialmente las más pequeñas. Es evidente que necesitamos marcos que garanticen la confianza y el uso responsable de la tecnología, pero también es evidente que esa regulación, en demasiadas ocasiones, no evoluciona al ritmo de la realidad empresarial y acaba generando fricciones innecesarias que frenan en lugar de proteger.

Desde mi doble perspectiva, como presidenta de ASINTE y como empresaria, lo vemos cada día,  empresas con capacidad, conocimiento y ganas de innovar que tienen que dedicar más esfuerzo a interpretar normativa que a desarrollar soluciones y eso, simplemente, no es sostenible si queremos un sector TIC competitivo y con capacidad real de crecer.

En paralelo, la ciberseguridad ha dejado de ser un ámbito puramente técnico, hoy es una cuestión de negocio, de continuidad, de reputación y de confianza, cada decisión tecnológica lleva asociada una responsabilidad en términos de riesgo que ya no se puede obviar, y que empieza en la dirección, no en el departamento de IT.

El sector TIC tiene un papel clave en este contexto, somos parte de la solución y podemos ayudar a digitalizar, a proteger, a hacer más eficientes los procesos y a integrar tecnología de forma segura pero para poder hacerlo necesitamos un entorno que acompañe, no que frene.

Por eso, el mensaje es claro.

A las Administraciones Públicas: es el momento de avanzar hacia una regulación más ágil y alineada con la realidad empresarial, no se trata de renunciar a la seguridad jurídica, sino de construirla de otra manera, con ventanillas únicas digitales reales, con espacios de prueba regulatoria para empresas innovadoras, con menos burocracia redundante y con más diálogo directo con el sector. Regulación y práctica no son conceptos enfrentados, cuando se diseñan bien, se refuerzan mutuamente. La transformación digital no se decreta desde la norma, se construye desde quienes la hacen posible cada día.

Y a las empresas, públicas y privadas: hay que dar un paso adelante, invertir en tecnología sí, pero también en seguridad, en talento especializado y en estrategia. La escasez de perfiles en inteligencia artificial y ciberseguridad es uno de los mayores cuellos de botella del sector, y resolverlo es una responsabilidad compartida entre empresas, instituciones educativas y administración. La IA no es solo una oportunidad, es una responsabilidad que exige decisiones conscientes y bien planteadas desde el inicio, no como parche al final del proceso.

Estamos en un momento decisivo. Lo que hagamos ahora marcará la diferencia en la competitividad, la seguridad y la capacidad de crecimiento de nuestro tejido empresarial en los próximos años.

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